



Sevilla es el centro de Andalucía, la cuarta ciudad de España y la más importante de la comunidad. Desde la salida de Cristóbal Colón en 1492 hasta la exposición Universal de 1992, Sevilla ha escrito varias páginas de la Historia. Cuenta con numerosas joyas arquitectónicas, como la Giralda o el Alcázar. Sus habitantes son cálidos y sonrientes, y también noctámbulos. Sevilla es una de las urbes españolas que ha sabido conciliar con mayor habilidad el sentido de su historia y la llamada de la modernidad, para convertirse en una ciudad internacional.
El barrio de Santa Cruz, con sus callejuelas adoquinadas y sus patios generosamente floridos, vive una efervescencia surrealista las noches de los fines de semana. Se pasa de bares de tapas a bares de vinos,se conoce a gente y se comparte el buen humor de los lugareños. Porque, en efecto, Sevilla es, ante todo, los sevillanos... y las sevillanas.
La ciudad, un faro de la historia española en la que las culturas cristiana y musulmana convivieron de forma estimulante, extiende con orgullo sus monumentos a lo largo del Guadalquivir. Desde luego, deberéis visitarlos, pero no olvidéis perderos por los barrios populares, de curiosear entre los patios, de ir al encuentro de los ciudadanos, que os parecerán extremadamente cordiales. Sevilla es un choque arquitectónico, pero antes que nada es un flechazo. Se comprende que inspirara a tantos artistas, que el célebre Fígaro fuera barbero justamente en Sevilla, y que incluso aquel viajero impenitente que fue el escritor catalán Josep Pía dijera que, sin lugar a dudas, Sevilla era la ciudad más hermosa de la Península.
Si sois prudentes y habéis viajado por otras partes, bastará deciros que mantengáis en Sevilla las mismas precauciones que en cualquier ciudad turística, es decir, que vigiléis vuestros bolsos y pertenencias y que no dejéis nada a la vista en el coche.
Dado que es una ciudad de interior, Sevilla no tiene el mismo ritmo que la Andalucía costera. La temporada alta coincide con el periodo de la feria de Abril y de la Semana Santa. Los precios se multiplican por dos y resulta bien difícil encontrar una habitación. Temporada baja: julio y agosto. Temporada media: el resto de primavera y el otoño. Atención, los precios fluctúan mucho de un periodo a otro.
El barrio de Santa Cruz, con sus callejuelas adoquinadas y sus patios generosamente floridos, vive una efervescencia surrealista las noches de los fines de semana. Se pasa de bares de tapas a bares de vinos,se conoce a gente y se comparte el buen humor de los lugareños. Porque, en efecto, Sevilla es, ante todo, los sevillanos... y las sevillanas.
La ciudad, un faro de la historia española en la que las culturas cristiana y musulmana convivieron de forma estimulante, extiende con orgullo sus monumentos a lo largo del Guadalquivir. Desde luego, deberéis visitarlos, pero no olvidéis perderos por los barrios populares, de curiosear entre los patios, de ir al encuentro de los ciudadanos, que os parecerán extremadamente cordiales. Sevilla es un choque arquitectónico, pero antes que nada es un flechazo. Se comprende que inspirara a tantos artistas, que el célebre Fígaro fuera barbero justamente en Sevilla, y que incluso aquel viajero impenitente que fue el escritor catalán Josep Pía dijera que, sin lugar a dudas, Sevilla era la ciudad más hermosa de la Península.
Si sois prudentes y habéis viajado por otras partes, bastará deciros que mantengáis en Sevilla las mismas precauciones que en cualquier ciudad turística, es decir, que vigiléis vuestros bolsos y pertenencias y que no dejéis nada a la vista en el coche.
Dado que es una ciudad de interior, Sevilla no tiene el mismo ritmo que la Andalucía costera. La temporada alta coincide con el periodo de la feria de Abril y de la Semana Santa. Los precios se multiplican por dos y resulta bien difícil encontrar una habitación. Temporada baja: julio y agosto. Temporada media: el resto de primavera y el otoño. Atención, los precios fluctúan mucho de un periodo a otro.